Bendigo

Bendigo el día que dijiste sí.

Bendigo el día que tus temores venciste y te animaste a vivir el amor que una pasión trae a cuestas.

Bendigo el día que aliviaste mi alma con la dulzura de tus manos que acariciaron los rincones más dolidos de mi ser.

Bendigo la luz que destila de tus ojos, pues en ella he podido reencontrarme con la fe.

Bendigo ese momento, con amigos y la luna de testigos, en que abriste la puerta de tu vida para invitarme a pasar.

Bendigo el momento que me entregaste las llave del tesoro más preciado que posees: tu bello corazón donde guardas los sentimientos más puros, aquel donde escondes los buenos recuerdos que alimentan tu vida a diario para animarte a seguir; aquel, que solo resguarda lo para ti sagrado.

Bendigo ese día, pues ahora puedo decir:

Que tienes la puerta abierta a mi vida, a mis virtudes e incluso mis miserias.

Tienes mi corazón en tus manos, y te delego el poder a ti de cuidarlo o lastimarlo.

Tienes a tus pies lo que soy y lo que tengo, sabiendo que los únicos tesoros que he luchado por preservar son los que enriquecen mi alma de amor y felicidad.
Estos son hermanos, amigos, afectos, y los valores humanos que han sembrado en mí andar.

Tienes ahora también mis ideales comprometidos con tu nombre: amor y todo lo que el mismo amor implica, lealtad, respeto, cuidado, y pasión.

Ahora ya no temo amar… ahora, llego el tiempo de dar.
Darte lo mejor de mí, como señal del amor que te profeso.

VaneMorán.
Derechos Reservados 2011©.

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